miércoles, abril 02, 2008

Empresas Familiarmente Responsables: claves de congruencia y compromiso en las organizacione






Empresas Familiarmente Responsables: claves de congruencia y compromiso en las organizaciones
Jorge Alberto Hidalgo Toledo**
 
Introducción

¿Qué implica ser socialmente responsable?, ¿qué indicadores contempla la responsabilidad social empresarial?, ¿cuáles son sus ámbitos de acción?, ¿a qué públicos atiende?, ¿qué tipo de vínculos y compromisos debe establecer la organización con la familia de sus miembros? El presente texto pretende indagar en cada una de estas interrogantes profundizando primordialmente en el papel de la familia al interior de la dinámica organizacional identificando los niveles de compromiso que se pueden establecer a fin de elevar la calidad de vida laboral y la dimensión trascendente del trabajo. Todo ello tomando como punto de partida la centralidad de la persona al interior de la comunidad de personas que da sentido a una organización (Melé, 2001).

            En el contexto de la Responsabilidad Social Empresarial, sin duda, el tema de Empresas Familiarmente Responsables debe empezar a incorporarse en las certificaciones existentes para la valoración de las empresas que atienden responsablemente a todos sus públicos internos, intermedios y externos. Y es que ser familiarmente responsable implica el desarrollo de políticas, planes, programas y estrategias que contemplan: estabilidad, flexibilidad (temporal y espacial) y gestión laboral; equidad de oportunidades y dirección; apoyos, prestaciones y facilidades concibiendo a cada persona vinculada con la organización como miembro de una comunidad menor pero no por ello menos importante (sus familias).

Bajo esta óptica, las Empresas Familiarmente Responsables atienden a cada uno de sus miembros como parte de una familia ofreciendo garantías para: el fomento e impulso de la vida y unidad familiar de sus empleados; el cuidado de dependientes; la maternidad/paternidad, educación y cuidado de los hijos; entre otros rubros.

            Dada la dinámica natural de las organizaciones y el alto nivel de compromiso que exige la competencia internacional de los mercados, se hace cada vez más evidente la necesidad de que las organizaciones establezcan estándares que permitan la conciliación empresa-familia (Melé, 2000).

            Existen ya modelos de certificación como el EFR1000 impulsado por la Federación Española de Familias Numerosas, el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y la Fundación + Familia, que están ofreciendo su sistema de auditoría como un sistema de diferenciación que ayuda, por una parte, a elevar la reputación, posicionamiento y love branding de las empresas; pero por otra, es una dinámica que ayuda, sin duda, a incrementar la cooperación interpersonal, a elevar el compromiso del personal hacia la empresa, mejorar el clima laboral, generar mayor identificación con la compañía, engrandecer el grado de confianza mutua y por ende, dinamizar el negocio, reducir fricciones y hacer más rentable a la corporación.

Visto así, una familia saludable es una empresa saludable; quien invierte en sus empleados, invierte en su negocio.

Otras iniciativas son las lidereadas por la Universidad de Navarra, la Universidad Anáhuac México Norte, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social Federal en México, la Delegación de la Secretaría del Trabajo en Monterrey, México, el Servicio Navarro de Empleo, la Confederación de Empresarios de Navarra, el IESE Business School, Instituto Familia y Trabajo, FUNDECY, la Asociación de Empresarios para el Progreso, Fundetec, la Asociación Mujer, Familia y Trabajo, la Asociación Española de Dirección y Desarrollo de Personas, la Asociación de Mujeres Empresarias y Directivas de Navarra, entre otros.

            Así pues, el lector encontrará en el presente trabajo cómo es que la familia se coloca en el corazón de las relaciones laborales a través de políticas y acciones muy concretas que demuestran el interés de las empresas por la vida de sus empleados, el desarrollo de sus hijos y su relación matrimonial.

Si las personas son “el recurso” más valioso de las organizaciones, el buen equilibrio de sus miembros repercutirá entonces en menor absentismo y rotación, mayor rendimiento, compromiso, responsabilidad, lealtad y productividad de la empresa.

 

La familia y la Responsabilidad Social Empresarial

Las empresas están llamadas a ser buenos ciudadanos. Las corporaciones no sólo deber reafirmar su eficacia económica  y sus estrategias de negocio; sino que también deben rearmar sus estrategias directivas, productivas y administrativas considerando en todo momento la dignidad de todas las personas involucradas con su organización; la privacidad, la tecnología, la seguridad, el impacto ambiental, la relación con los competidores y el compromiso con sus consumidores (Galindo, 2003).

Hoy, la sociedad civil está exigiendo un excelente comportamiento de las empresas; calidad, precio y éxito económico no son más el elemento diferenciador (Parra, 2002). Importa más el comportamiento de cara a la sociedad, la percepción y valoración que hacen los consumidores cuando ven que las empresas atienden las causas y necesidades sociales, son transparentes en su actuar y en sus procesos; cuando sus tácticas de venta y comercio son justas, cuando mantienen la privacidad del consumidor, apoyan la comunidad, dan acceso laboral a las personas discapacitadas y evitan el trabajo infantil (Hidalgo, 2006).

            Estas prácticas, entre otras, recaen en el ámbito de la Responsabilidad Social Empresarial; la arista visible de la ética empresarial como el capital de integridad que es altamente valorado por la sociedad.

Ser una empresa socialmente responsable preocupada por el bien del hombre, del deber ser y la economía exige estar comprometida con una serie de principios y valores rectores como la integridad moral de los dirigentes, la justicia en las transacciones, el trabajo al personal, el respeto de las leyes, la honestidad, el trabajo en equipo, el sentido de logro y el servicio al cliente; así como generar riqueza, proporcionar bienes y servicios a la sociedad y contribuir a crear empleo (Marco Perles, 2000).

            Podría comprenderse la Responsabilidad Social Empresarial como lo hace Juan Cajiga Calderón: “el compromiso consciente y congruente de cumplir integralmente con la finalidad de la empresa tanto en lo interno, como en lo externo, considerando las expectativas de todos sus participantes en lo económico, social o humano y ambiental, demostrando el respeto por los valores éticos, la gente, las comunidades y el medio ambiente, y para la construcción del bien común” (Citado por Rebeil, Sánchez y Lemus, 2008).

Es decir, la responsabilidad social incorpora el respeto profundo por los valores éticos, las personas y sus familias, las comunidades y el medio ambiente. La eficacia económica, el cuidado del capital y los medios de producción no son el único objetivo. Es la persona el elemento decisivo de la organización; por ende, para el empresario y los dirigentes los individuos y sus familias deben ser el centro rector de la actividad laboral.

Con esta consideración en mente podríamos decir que los ámbitos de la Responsabilidad Social Empresarial son los que se muestran en el siguiente esquema:

 

 

Esquema 1

Ámbitos de la Responsabilidad Social Empresarial

esquema RSE.jpg

Fuente: Propio

           

En este enfoque integral de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) se consideran tres grandes sectores: 1) La ética y Gobierno corporativo (Buen Gobierno, Calidad de vida laboral, Transparencia y Derechos); 2) Los que generalmente se consideran RSE (Impacto social y comunitario, Acciones hacia el Consumidor, Operaciones justas y Medio ambiente); y 3) La acción social, la filantropía y la caridad social. En todas esas prácticas, como hemos visto, se debe promover un sano equilibrio entre la actividad laboral y su impacto en las familias (ya sea de los miembros de la organización como las de la comunidad en general). 

La familia, como eje transversal de la actividad de toda organización y de la sociedad, debe estar considerada en todo el proceso de gestión. No hacerlo, se vería duramente reflejado en la competitividad, ausentismo, sentido de pertenencia, disminución de la productividad y rotación del personal.

 

Las Empresas Familiarmente Responsables

A todo esto ¿cómo definir a una Empresa Familiarmente Responsables? Son aquellas que tienen la capacidad de laborar con personas completas; es decir, que asumen su responsabilidad no sólo con los mercados y los públicos externos; sino que toman como política interna la conciliación trabajo y familia, incidiendo con sus acciones a la mejora del desarrollo y vida personal, familiar y social de todos sus colaboradores.

Estas organizaciones muestran una actitud proactiva ante la familia apelando a la motivación trascendente, valoraciones y cuidado de las decisiones que afectan a todos sus miembros (De Molina, 2007).

Con relación a la necesidad de una conciliación trabajo y familia y un replanteamiento de una visión más centrada en las personas, Nuria Chinchilla directora del Centro Internacional de Trabajo y Familia afirma:

“Hay un tema de valores: en alguna medida, la empresa que no permite que la gente tenga vida después del trabajo -es lo que yo llamo "sistemáticamente contaminante del entorno interno y externo"- está yendo contra la ecología humana, contra esa "humano-factoría" que es la familia, que no hay otra; la que crea capital humano y capital social, capaz de comprometerse con proyectos de medio y largo plazos, tanto económicos como empresariales como familiares. ¿Qué puede hacer la empresa? Trabajar con personas tratándolas como tales y ayudando a flexibilizar las jornadas de modo que esas personas puedan cumplir con un rol fuera del hogar, y que quienes tienen ese esposo o esposa tengan tiempo y energía para construir esa relación conyugal. No se trata de trabajar menos sino de trabajar mejor. Al respecto de quienes están separados o divorciados, lo que estamos viendo en algunas empresas es que se hace justo lo contrario: están contratándose mujeres separadas o divorciadas porque se sabe que a éstas les pueden exigir máximos porque no tienen nadie más que traiga dinero al hogar. Tienen todavía esa visión taylorista de lo que es el mundo de la empresa y siguen en el siglo XIX” (Méndez, Melgarejo, 2008).

Así una Empresa que se diga Familiarmente Responsable enfoca su actuar, directa o indirectamente a otorgar ayuda a sus empleados y trabajadores para elevar el nivel de desarrollo y bienestar de sus familias.

Algunos de los ámbitos de acción de las Empresas Familiarmente Responsables atienden las políticas, los programas y la cultura laboral y son:

1.      Flexibilidad de horarios y jornadas (flexibles, compartidas, reducidas, comprimidas o sabáticas).

2.      Ajuste del horario laboral al calendario escolar.

3.      Políticas antimobbing.

4.      Corresponsabilidad familiar.

5.      Trabajo a distancia.

6.      Videoconferencias para reducir viajes de negocios.

7.      Escuchar las inquietudes familiares y desarrollar programas para atenderlas.

8.      Inclusión en todos los eventos de la organización.

9.      Apoyo en traslados y viajes familiares como bonus.

10.  Estabilidad en el empleo.

11.  Eliminación de la violencia laboral y el hostigamiento sexual.

12.  Integración laboral a colectivos más desfavorecidos.

13.  Evitar prácticas no saludables como llevar trabajo a casa.

14.  Guarderías y servicios de comedores familiares.

15.  Mejorar la calidad de vida de sus empleados.

16.  Tiempos de baja laboral (cortas o largas) ante muerte de un hijo o familiar, embarazo y matrimonio.

17.  Otorgamiento de licencias de maternidad o paternidad mayores a las de ley.

18.  Permisos para el cuidado de hijos o familiares cercanos con enfermedades crónicas.

19.  Formación en gestión familiar y educación de los hijos (charlas, conferencias y talleres).

20.  Capacitación en administración del tiempo y manejo de estrés.

21.  Seminarios de actualización y ultra-capacitación para empleados que por recorte serán despedidos.

22.  Apoyo para conseguirle trabajo al personal que por razones especiales será despedido.

23.  Igualdad de salario y oportunidades para ambos sexos.

24.  Trabajo por objetivos más que por presencia física.

25.  Se evita la cultura de adicción al trabajo y la promoción de quienes trabajan horas excesivas.

26.  Sensibilización de los mandos intermedios para apoyar a los empleados cuando tienen responsabilidades familiares.

27.  Desarrollo de programas de actividades de ayuda y armonización trabajo familia.

28.  Programas de comunicación interna con contenidos familiares y orientados al cuidado de niños y ancianos.

29.  Diseño de actividades discerniendo si la cantidad de trabajo afectará o no la vida personal y familiar del involucrado.

30.  Apoyos extra-salariales para propiciar el fortalecimiento e integración familiar.

Una cultura flexible y responsable con la familia se apoya en tres pilares: un 40% de las políticas; un 30% de los facilitadores (equipo responsable, presupuesto, comunicación y liderazgo dentro de la empresa); y 30% de la cultura (horarios, promoción, sensibilidad, ejemplaridad y compromiso del líder con respecto a las políticas conciliadoras) (Chinchilla, 2006)

Bajo la implementación de estas medidas y verificando que la conciliación vida familiar repercute en la eficiencia empresarial se pueden identificar cuatro tipos de empresas: 1) las escépticas; 2) las comprometidas; 3) las proactivas; 4) las excelentes (Parra, 2008). 

Algunas empresas que han implementado el programa Familiarmente Responsable son: Coca-Cola, Consum, Leche Pascual, Comofer, Garmer, Ibercolmex, Indefosa, Multicaja, Microsoft, Santander, Indra, Sanofi Aventis, Enagás, Sanitas, MRW. En sus casos lo han implementado no sólo como parte de su programa de Responsabilidad Social Empresarial sino como forma de innovación en liderazgo y dirección.

La consideración de las familias como un indicador fundamental de la Responsabilidad Social Empresarial, ya empieza a dar frutos; la compañía de seguros Ecuatoriano Suiza, reportó un incremento del 240% en su producción y una reducción del 25 al 2% en la rotación al aplicar el concepto (González Fernández, 2008).

Fortalecer la vida familiar del trabajador debe ser parte fundamental de la salud física y emocional de una organización si esta quiere elevar sus cuotas de excelencia. En sí misma, la conciliación trabajo-familia es vista por la sociedad como un valor estratégico a la alza y vital para muchas compañías. Si trabajar no beneficia a la vida familiar, no será bueno para nadie.

La adopción de múltiples medidas de responsabilidad familiar es una medida inteligente para impulsar el desarrollo económico y social de las empresas. Si las empresas buscan convertirse en empresas familiarmente responsables en una forma honesta y congruente con un modo integral de ejercer la ética empresarial podrían desarrollar una serie de competencias directivas que beneficiarían no en lo estético sino en el emprendimiento ético de la organización. Competencias que derivarán en el cambio de hábitos y creencias de sus directivos y en el personal. Sin embargo, el mayor de los beneficios quizá sea la coherencia entre cultura y políticas empresariales responsables de las que se benefician no sólo los públicos externos como ocurre en la mayor parte de los programas de RSE.

Hoy las políticas de conciliación familia-trabajo están marcando la diferencia entre las empresas que se asumen como socialmente responsables. Ya que su implementación considera criterios que no sólo atraen y retienen a los talentos deseables, sino que fidelizan a todo el personal que se compromete en mayor medida con la empresa elevando el rendimiento de la misma. A diferencia de muchas medidas cosméticas de la Responsabilidad Social Empresarial, la responsabilidad familiar se ha tornado en una preocupación real por la vida del personal y su impacto en las organizaciones. Su implementación en todos los niveles y sectores de una institución requiere un compromiso real que termina modificando las circunstancias particulares del negocio y el entorno en el que se desenvuelve.

Al competir en mercados altamente exigentes no se pueden descuidar las necesidades y responsabilidad básicas de los empleados y colaboradores. En un futuro no muy lejano, las empresas que sacrifiquen la vida familiar y el tiempo de sus empleados;  aquellas que disuelvan matrimonios; que reduzcan las horas de descanso y convivencia familiar, a costa de ahorrar unos pesos verán mermada su productividad y sobrevivencia en el mercado.

La familia no sólo es la clave de la sociedad, sino también del desarrollo de las organizaciones. Velar por su bienestar es sin duda, un compromiso básico de la empresa, pero sobre todo, un incentivo para el desarrollo productivo de un país.

 

Conclusiones

La Responsabilidad Social Empresarial va más allá del cumplimiento con la ley; respetar el medio ambiente; gestionar la empresa en modo ético, ofrecer estándares altos de calidad a los clientes y proveedores; responder solidariamente a las necesidades de las comunidades aledañas; apoyar al Estado a cubrir necesidades de la sociedad; elevar la competitividad o contribuir al desarrollo sustentable de un país.

La Responsabilidad Social, al no ser una moda ni un programa cosmético de mercadotecnia o relaciones públicas debe ser contemplando en un modo integral y a largo plazo, como una forma de liderazgo moral, de gestión ética que apele a la verdadera transformación y construcción de una sociedad más justa y solidaria. Por ello, debe tener como punto de partida la unidad básica de la sociedad, la familia, reconociendo su dignidad e integrándola transversalmente en todo el actuar de la organización.

La compaginación familia-empresa es una realidad posible y tangible. Se ha visto que puede ser parte de la teoría y el actuar económico. Ya en América Latina y Europa existen certificaciones que cuantifican qué tanto el escenario laboral contempla el escenario familiar. La denominación Empresas Familiarmente Responsables avista aquellas organizaciones que buscan el sano equilibrio del trabajo y la familia estableciendo políticas, estructuras, normas y apoyos a sus miembros. Las múltiples prestaciones que contempla ya son consideradas como un salario intangible, psicológico o emocional.

Quienes han apostado por este modo de RSE han visto beneficios internos y económicos. He aquí una prueba de que es posible fundir la antropología financiera, la humanización de la empresa con la responsabilidad social en un modo ampliado e integral beneficiando siempre a la esencia de la sociedad, la familia y por ende, a la comunidad en su conjunto.

 

Referencias

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Chinchilla, M. (2005) “Ser Empresa Familiarmente Responsable (EFRc)”. En Capital humano: revista para la integración y desarrollo de los recursos humanos. Año No. 19, No. 187, 2005. España: Capital humano. Págs. 30-39

Chinchilla, M, Poelmans, S. Cuestionario EFR © PYMEs (Empresa Familiarmente Responsable). IESE: España

Chinchilla, M, Tarrés, J. (2003) “Empresas Familiarmente Responsables”. En Dirección y progreso. No. 191. 2003. España: Dirección y progreso. Págs. 52-58.

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** Titular de la Cátedra FISAC-Anáhuac en comunicación para la responsabilidad ante el consumo de bebidas con alcohol y la sana convivencia. Investigador Titular del Centro de Investigación para la Comunicación Aplicada (CICA), de la Escuela de Comunicación de la Universidad Anáhuac

lunes, marzo 31, 2008

Ética: evolución

Presentación de Teodoro Wigodski que habla de la Evolucion del pensamiento respecto de la etica.

Guía de ética

Presentación de Clara Campoamor

Ética para profesionales

Presentación de Guadalupe Bueso Tabora

lunes, enero 07, 2008

Video: Environment and social responsability



Conferência Latino Americana sobre Meio Ambiente e Responsabilidade Social - Ecolatina

viernes, agosto 24, 2007

Crowdsourcing


Comparto con ustedes este texto que encontré en la web y que nos muestra el giro que están tomando las organizaciones. Vale la pena observar las implicaciones que tiene en el modelo de comunicación que manejamos, así como las consideraciones éticas y legales que habrá que desarrollar para regular y proteger a los involucrados.


Crowdsourcing
En tecnocidanos, Antonio Lafuente cita en su post la descorporativización del talento en referencia al término Crowdsourcing acuñado por Jeff Howe en Wired (The Rise of Crowdsourcing) para referirse a la variante de externalización de tareas outsourcing pero sin emplear terceras empresas.
Según Lafuente: "la gente puede autoorganizarse siempre que la tecnología lo tolere o, en otras palabras, siempre que permita a los participantes cogestionar todas las fases del producto resultante".
Ya es un hecho bien establecido que en los nuevos modelos de desarrollo los aspectos sociales son inseparables de la tecnología. Yo creo que la Web 2.0 auténtica tiene mucho de esto: una fusion de tecnología y personas estilo ciborg.
Sin darnos cuenta ya empezamos a usar este tipo de Crowdsourcing. En la boda de Alfredo Romeo, los novios tomaron la decisión de abrir un álbum público de fotos en Flickr. ¿Qué las fotos del fotografo profesional no te parecen suficiente? Pues le pides a los invitados que se lleven una cámara (ahora pesan poco) y que hagan fotos para luego compartirlas en Flickr ¡eso es crowdsourcing!
El Crowdsourcing, sin embargo, no es la panacea, la clave estriba en darse cuenta de que las empresas no aportan materia gris. La materia gris la aportan las personas. Lo que las empresas aportan es el tinglado legal necesario para que sea posible delegar el trabajo bajo unas condiciones previamente pactadas que aseguren la predictibilidad del resultado.
Las empresas de outsourcing no suelen ser fuentes de conocimiento añadido. En la mayoría de casos chupan conocimiento del cliente, aportando, como mucho, unas pocas competencias técnicas.
El Crowdsourcing es una idea interesante, una PO (provocación) diría Edward DeBono. Pero sólo puede funcionar si se complementa con algunos mecanismos regulatorios.

miércoles, agosto 08, 2007

La Etica en la Sociedad del conocimiento

La Etica basada en la comprension -razon y emocion- y en el conocimiento (científico, filosofico, artistico y didactico), presentación de Jesús Téllez Espinoza


Video: Jesuits On...Business Ethics

¿Ética empresarial a la luz de la Doctrina social de la Iglesia? Video que muestra el trabajo de los Jesuitas en la promoción del buen gobierno corporativo.


jueves, julio 26, 2007

La Mediación Ética y la Semioética en la era de Internet


Por: Dr. José Antonio Forzán Gómez y Mtro. Jorge Alberto Hidalgo Toledo

INTRODUCCIÓN
La ontología de la comunicación

¿Qué es la comunicación sino un acto referencial dotado de sentido y significación? Y decimos referencial porque es a través del lenguaje y su carácter comunitario que invocamos, evocamos y se nos “autorrevela el mundo” (Cassirer, 1985, p. 18). Esta interacción sintáctica y dinámica entre la materia, el individuo, la percepción y la inteligencia es la que permite unirnos semánticamente a los demás seres morales y compartir con ellos valores, tradiciones, costumbres e ideas enriqueciendo la experiencia vital.
De esta forma, la comunicación constituye, no una intención vacía como creía Husserl sino como bien apunta Sastre, “una experiencia trascendental” (Sartre, 2000, p. 307); una relación de compromiso que sobrepasa la gramática, la realidad y el lenguaje. Comunicar es “extender la mano” (López Quintás, 1968, p. 125), es encuentro, es intimidad, es vincularse con el otro, es diálogo, es entrega, es darse al otro; lo que la hace sinónimo del amor.
La comunicación, no es un mero accidente que ocurre entre los hombres; por ello, hoy día, se distingue de informar . Comunicar, por el contrario, es dotar de significado las cosas del mundo; lo que significa, dotar de sentido a la existencia misma. Con ello queremos apuntalar que es la persona el centro y el destino de la acción comunicativa. Lo que debería llevarnos a creer que en cada palabra vertida en un Chat, en cada imagen transmitida en tiempo real por RealOne, en cada sonido descargado de Limewire debería haber, como afirmaba Gabriel Marcel, una “certeza existencial” (Sanabria, 2000, p.155), pero no la hay.
Esta invocación recíproca de encuentros interpersonales es la ontología misma de la comunicación. Quienes buscamos el “Ser” de la comunicación, en el fondo buscamos al hombre mismo. Siendo la humanidad entera la que se oculta detrás del fenómeno comunicativo es vital analizar la función de los medios y ver si estos, en verdad, están al servicio del hombre.
La interacción simbólica que se ha tendido en internet y la convergencia tecnológica, ha puesto al descubierto la ausencia de un rostro y la desnudez del cuerpo. Por ello, podemos hablar de indigencia comunicativa, de egoísmo simbólico, de extranjeros gramaticales, de ausencias cognoscitivas, de despojo mediático, de soledad significativa, de pobreza informativa, de miseria existencial.
Quizá el problema más grave y evidente de la comunicación en la era digital no sea la brecha informativa sino la ausencia de una metafísica significativa que permita nuevamente la posesión del mundo y la instauración de una comunidad universal de personas por el don de la comunicación.
Devolver el sentido trascendente a la acción comunicativa implica volver los ojos a la centralidad de la persona, al reconocimiento y valoración del otro, a la ética y a los fundamentos de los medios: servir (buscar el bien común), unir (solidaridad) y equilibrar (justicia) a la sociedad.
He aquí nuestra revisión bioética de la acción comunicativa en la era de internet. Regresemos al “ser a su morada” (Heidegger, 1987, p. 26); registremos la propia existencia y sus condiciones ética para hablar nuevamente de significación y sentido en la acción humana; para entender nuevamente la comunicación como la mediación ética del mundo .

1. LOS MEDIOS AL SERVICIO DE LA PERSONA
a. ¿Qué es persona?

En plena era digital, definir al hombre continúa siendo una de las más grandes dificultades en los planteamientos, tanto científicos como filosóficos. Ello porque hoy, tan cercanos al proyecto de la genética y la transformación de la creación natural, la misma interrogante presocrática sigue siendo vigente.
Para poder definir un marco de acción o de postulación científica, es fundamental comprender lo que cada autor o corriente de pensamiento entiende por hombre. Es decir, que el concepto que tengamos de ser humano en su totalidad, impactará en nuestras acciones cotidianas, como lo son los planteamientos epistemológicos, los productos comunicativos o nuestro simple comportamiento cotidiano.
Por ello, abrimos este ensayo haciendo una revisión del concepto de hombre. Hemos dicho que la realidad física de nuestra existencia conlleva un sustrato ontológico. Es decir, al hombre se le puede comprender tanto científica como tecnológicamente.
A esta tarea se ha abocado, tradicionalmente, la antropología filosófica, disciplina hermana de la antropología física y de la antropología cultural, que tiene como objetivo resolver el misterio del hombre (Sanabria, 2000, p. 16-17).
Sin pretender hacer una revisión exhaustiva de todas las características que definen al hombre, podemos señalar las siguientes cualidades que han sido debatidas a lo largo de la historia del quehacer de la antropología filosófica:
- Es una entidad corpórea.
- Es un ser relacional.
- Es un ser racional.
- Es un ser espiritual.
- Es un ser de trascendencia.
- Es un ser del lenguaje.
- Es un ser que consigue la interioridad.
- Es un ser histórico.
- Es un ser que se construye.
- Es un ser que deviene entre las condiciones existenciales y la libertad.
- Es un ser mediático .
Todos estos rasgos definitivos, podríamos resumirlos en un postulado: el ser humano es una persona humana. Es decir, es un ser que, manifestando lo más radical de sí, mostrando lo más profundo de su realidad ontológica, lo que expresa a través de sus actos es su unicidad.
Además, la condición de la persona fundamental es su radical manifestación en el tiempo y en el espacio.
“El hombre no es pura subjetividad, sino que, constitutivamente, está orientado hacia el mundo, más aún, hacia su mundo. Esta orientación es un modo de ser fundamental de la existencia humana. De manera que no es primero el mundo y después yo, o viceversa, sino que simultáneamente se dan yo-mundo; yo soy mi mundo. Porque el hombre es relación.” (Sanabria, 1987, p. 85-86)
Por ello, es fundamental atender a los principios de comportamiento de la persona ante el otro. Señala Juan XXIII:
“En toda convivencia humana bien ordenada y provechosa hay que establecer como fundamento el principio de que todo hombre es persona, esto es, naturaleza dotada de inteligencia y de libre albedrío, y que, por tanto, el hombre tiene por sí mismo derechos y deberes, que dimanan inmediatamente y al mismo tiempo de su propia naturaleza. Estos derechos y deberes son, por ello, universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningún concepto.” (en González, 1991, p. 75-76)
Esta manifestación del hombre, esta radicalidad de la persona humana conlleva la idea de la comunicación. Es decir, si la persona humana es en el mundo, es porque es con-los-otros.
Ese ser-con-los otros es posible gracias al lenguaje, a la expresión del espíritu que dota de contenido a los objetos y a la persona misma. Para conservar la unicidad de la persona y llegar a ser, es necesario contar con los medios para desarrollar la virtud (Fromm, 1986, p. 39), para colocarnos ante nuestra propia naturaleza y dominarla. En función de nuestro objeto de estudio, los medios masivos de comunicación, si han sido mediados por la ética, determinarán la acción del hombre sin perder de vista que el fin es el hombre mismo. Lo que nos lleva a afirmar que los medios están al servicio de la persona.

b. Los medios de comunicación al servicio de la persona
Hoy día los comunicólogos, antropólogos, sociólogos y politólogos hablan de la necesidad de contar con medios de comunicación libres y responsables para la creación de sistemas democráticos donde prime la libertad de expresión y prensa. Para ello, han creado múltiples modelos y teorías de responsabilidad social, códigos de ética, vías de autorregulación y legislación para justificar el buen actuar de los medios ante la sociedad civil. Muchos han sido los estudios dedicados a los efectos de los medios y los intentos para establecer un uso ético de los mismos. Pero, ¿podemos hablar realmente de ética mediática si limitamos los esfuerzos a generar legalismos, normativas y códigos de conducta más que intentos por visualizar a los medios como herramientas colaborativas para devolver el lugar del hombre en el mundo?
Esta reubicación del hombre, debe partir necesariamente del entender que los medios están al servicio del hombre. Pero, ¿qué implica este servicio? Cuando hablamos del “servicio” que prestan los medios de comunicación, nos referimos a su aportación para lograr un factor de crecimiento y progreso humano, progreso de la verdad del hombre, progreso cultural, social y económico. De ahí que en términos concretos busquemos que los medios de comunicación estén a la “defensa de la promoción de la verdad integral” (Casales, 1985).
Los medios deben servir para encontrar respuestas verdaderas; para desarrollar las habilidades; para conocer, compartir y comunicar las intenciones, deseos, sentimientos, conocimientos y experiencias; para comprender, actuar con libertad y progresar; para establecer relaciones, solidarizarnos; para enriquecernos intelectual, moral, social y espiritualmente; para promocionar los valores humanos y la vida humana; para realizar un encuentro entre hombres, culturas, ideologías, historias y signos trascendentes.
Cuando los medios y las nuevas tecnologías de información, pierden este sentido de utilidad, se pierde con ello el sentido de la condición humana y se terminan agrediendo: la dignidad humana, los valores universales, la cultura, los sistemas económicos, políticos y sociales.
La comunicación que se sostiene de la experiencia común, solidaria y caritativa –porque ofrece lo mejor del otro- termina construyendo el cuerpo del mundo. El rostro y la identidad que tomará se define como lengua viva; pues serán los hombres los que moldeen el mundo para mejorar su calidad de vida y no los medios los que moldeen sus opiniones y los aspectos fundamentales de su vida. Cuando los medios “sirven”, construyen, “unen y solidarizan” (Redemptoris Missio, 1990, 37); justifican la existencia, rompen con la soledad y nos llevan a la plenitud.
La acción fecunda de los medios es aliviar la indiferencia, eliminar el aislamiento, desbancar el rechazo, derrotar el egoísmo, reconstruir la incomprensión, diluir “la tonalidad grisácea de la existencia” (Serrano, 1970, p. 45).
La soledad del hombre tecnológico, es la de aquél que ha visto pisoteada su intimidad por los abusos de la imagen, los vacíos de la palabra, los silencios informativos, la mezquindad de la manipulación, la persuasión de la indecencia, la falta de responsabilidad social y una ética en los medios.
Todo esquema formal e informal de control de los medios debe trascender las leyes y reglamentos para contemplar algo más que códigos de conducta. Una ética integral debe contemplar todos los aspectos de la persona humana y su interrelación con el medio. Los medios como bien señalaba Xavier Zubiri deben servir para “realizar la vocación humana, ser de verdad hombres” (Zubiri, 1987, p. 259).

c. La naturaleza Semioética de los medios
Ahora bien, si partimos de que el problema de la comunicación es el encontrar el yo gracias al tú, la dimensión de la comunicación tendría que anclarse en el problema del lenguaje, del ethos de la acción humana y el fin de los medios.
Para toda la filosofía contemporánea, a partir del giro lingüístico de Wittgestein, el giro hermenéutico de Gadamer y el giro semiológico de Roland Barthes, el problema filosófico de la comunicación es el lenguaje y no el medio:
“… el signo, es una realidad analítica que preocupa cada vez más a la investigación moderna; por razones muy distintas, diversas disciplinas se han interesado por él: cibernética, logística, psicoanálisis, lingüística y etnología estructurales, todas estas ciencias tienden a fundirse en una ciencia general de las comunicaciones, cuya nueva unidad sería la significación.” (Barthes, 2001, p. 27)

Tal visión pone en relieve a la persona humana como algo complejo y no la visión centrada en los medios y en la masa despersonalizada de Abraham Moles y similares:
“… mass media son a la vez esos canales de difusión y medios de expresión que se dirigen no a un individuo o persona, sino a un ‘público destinatario’ definido por unas características socioeconómicas y culturales en el que cada receptor es anónimo. (…) Son también los vectores unidireccionales de un mensaje emitido por un individuo o por un grupo destinado a un público mucho más amplio.” (Moles, 1975, p. 449)

Subrayamos, pues la idea de Barthes, “no es lo mismo hablarle a alguien que decirle algo”.
Por tanto, pensar en los medios debe superar la concepción técnica para atender a su noción ideológica y existencial:
“Los hombres, en cuyas manos está este poder (que han generado los medios de comunicación) tienen una grave responsabilidad moral en relación con la verdad de las informaciones que ellos deben difundir, en relación a las necesidades y a las reacciones que hacen nacer en relación con los valores que ellos proponen.” (Jacobo, 2002, p. 595)

De esta manera, los medios dejan de ser una “fuerza ciega de la naturaleza fuera del control del hombre” (Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Ética en las Comunicaciones Sociales, 2000, 1) y pueden ser usados con fines buenos o malos ya que ellos no hacen nada por sí mismos, sino por la acción de los hombres.
Es por los fines, la participación del hombre, su uso como herramientas, el grado de bondad o de maldad con que se produce la acción comunicativa que los medios deben estar mediados por la ética. Dependiendo del grado de mediación de ésta última, podremos hablar del aumento de la empatía, la compasión, la solidaridad o el odio, narcisismo o soledad entre los hombres.
“Los medios deben hacer consciente al hombre de su dignidad, a comprender los sentimientos de los demás, a cultivar un sentido de responsabilidad mutua, y a crecer en libertad personal, en el respeto a la libertad de los demás y en la capacidad de diálogo” (Gaudium et spes, 1966, 30-31).

2. LOS GRAVES PROBLEMAS GLOBALES
Para hablar de un uso ético de los medios se requiere de personas libres y autónomas y medios de comunicación masivos libres, responsables y éticos. Desgraciadamente los medios actuales, como algunas personas, se encuentran cerrados a cierto control. Aún cuando legalmente la libertad de expresión y de prensa están protegidas por la Constitución mexicana y muchas otras constituciones extranjeras, hay asuntos que no se cumplen y que ante el problema de la globalización tenderán a agravarse ya que no contemplan a los medios electrónicos, digitales y las telecomunicaciones. Algunos de estos problemas nacen de la errónea concepción que se tiene de la libertad, la expresión, la equidad y la justicia; así como de la falta de códigos que trasciendan los límites legales o que se quedan sólo en la regulación de conductas empresariales.
No es de extrañar que en la actualidad los medios establezcan un detestable juego con el poder convirtiéndose en la segunda fuerza pública, después del poder económico, dedicándose a controlar y delatar los abusos y errores de los demás, pero no los suyos (Hidalgo, Baran, 2005).
En algunos países el grado de dependencia que mantenían con el poder político se está perdiendo y ahora parecen tener la fuerza suficiente para resistirse y contraatacar a los otros tres poderes con los que interactuaba. Hoy podemos encontrar tendencias en que los medios se han convertido en medios de presión o defensa de intereses por parte de la sociedad. Esta tendencia empieza a generalizarse tanto en los medios privados como en los públicos. Ya es más común escuchar que los medios hacen conciencia de que tienen una responsabilidad y deben guardar una misión de servicio. Al estar mediando los intereses de la sociedad civil, los grandes poderes y sobre todo, de las personas, los medios están obligados a vigilar el cumplimiento ético de las dinámicas sociales y el desarrollo comunitario. Revisemos el origen de esta falla en el incorrecto manejo de las nociones de libertad, justicia y equidad y la falta de una visión ética que tenga como fundamento la persona humana.

a. La libertad como centro de la acción comunicativa
Tema central de la filosofía a lo largo de la historia es la libertad. Ello porque es una característica de la persona humana.
“El hombre de (Jean-Paul) Sartre es libertad: está condenado a la libertad. Es conciencia cerrada en sí misma, subjetividad plena que da sentido al mundo. El hombre está condenado a inventarse a sí mismo en cada instante. ‘Solitario y sin amo irá realizando su esencia suspendida en la libertad’. Así, el hombre libre ‘ni en sí ni fuera de sí encuentra recurso alguno al que agarrarse’. Entonces se enfrenta a la nada, sin apoyo, sin esperanza, de tal modo que nada puede salvar al hombre de sí mismo. Cada hombre, en cada situación, tiene que decir: ‘yo soy el que decide, solo, injustificable, sin excusa (…)’. En el mundo en el que el hombre está de más, donde lo absoluto es el absurdo –todo es absurdo-, donde todo es gratuito, ‘los otros son el infierno’ (…) y el hombre no es más que “una pasión inútil.” (Sanabria, 2000, p. 55)

Ante esta situación apocalíptica de la condición existencial, sobre qué es lo que debemos decidir para nuestros actos en libertad, la respuesta parte de la autodisciplina: “Significa hacerte responsable de tu persona” (Bennett, 2001, p. 15)
La persona humana que aspira al bien tiene en cuenta su lugar en el mundo, en la historia, en el tiempo. Su condición radical de ser-en-el-mundo:
“No se debe olvidar que la libertad necesariamente es una libertad situada. La razón de esto es muy sencilla: el hombre concreto vive su aquí y su ahora.” (Sanabria, 2000, p. 134)

Al hacer conciencia del mundo, el hombre se da cuenta de que sus decisiones, los actos que dan sentido a su vida, están, entonces, condicionados por factores que dan razón de ser a la persona, pero que, incluso, llegan a atentar en contra de la dignidad de la persona humana:
“… el mundo material, la herencia genética, las enfermedades, las condiciones climáticas, la raza, las predisposiciones, la cultura, la historia, el inconsciente individual y colectivo, la opinión pública, el sexo, la edad, el ambiente social, la educación, la religión, etc. Todos estos condicionamientos de la libertad hacen que un acto libre no pueda ser totalmente libre, sino situado siempre. Estos factores condicionantes limitan ciertamente la libertad, pero no la comprimen, a no ser en algún caso extraordinario. De ahí la tarea de cada persona: lograr progresivamente una libertad cada vez más auténtica; mientras más libre, más persona.” (Sanabria, 2000, p. 134)

Sanabria subraya así, la radical misión de la ética:
“En nuestros días hay muchos obstáculos para la auténtica libertad; son los factores despersonalizantes. De ahí la obligación, o la tarea, de luchar por la realización de la libertad –el hombre vale por lo que decide-. Hay la realización personal: cada hombre es tanto más hombre –persona- cuanto más ha realizado su libertad, cuanto más vive desde la profundidad de sus decisiones axiológicas, cuanto menos es susceptible al influjo de los medios masivos de comunicación.” (Sanabria, 2000, p. 136)

b. La libertad de expresión, el derecho y el acceso a la información
Partiendo del presupuesto de Sanabria en el que afirma que la libertad se ejerce desde las decisiones axiológicas que pueden o no estar mediadas por los medios masivos, hay que hacer notar que para muchos gobiernos legislar en torno a la libertad de expresión se ha convertido en un medio de presión más que una forma de velar por el uso correcto de los medios. Si los hombres necesitan satisfacer su necesidad de información para tomar decisiones, autoconfirmarse en el mundo y reproducir con ello un régimen democrático, justo y solidario, la inhibición y el bloqueo de la posibilidad de expresión y acceso a la información, se vuelve un atentado contra la posibilidad de realización de la persona.
Los mecanismos de coerción se han sofisticado tanto que ya no son tan explícitos como el soborno o la agresión. Tan sólo para ejemplificar este punto el comunicador mexicano, Omar Raúl Martínez comentó en su ensayo Secreto periodístico: libertades informativas en México, que durante los primeros dos años del sexenio del Expresidente Ernesto Zedillo se consignaron más de 240 actos contra informadores: 18 por ciento de los cuales fueron demandas y detenciones (15 por ciento). Entre diciembre de 2000 y agosto de 2003 se han registrado 259 incidentes: 43 por ciento de los cuales son demandas, citas a comparecer (10 por ciento), detenciones (7 por ciento) y anuncios de demandas (3 por ciento). Algunos de los casos más sonados que señala son: el de Isabel Arvide (difamación); Maribel Gutiérrez (revelar fuentes sobre el caso de Digna Ochoa); a reporteros de La Jornada y El Universal (revelar fuentes caso Pemexgate); Alejandro Junco de la Vega (demanda por difamación); Gustavo Castillo García (interrogatorio para revelar fuentes sobre operativo antinarcóticos).
Mientras que los hechos inhibitorios han ascendido 43 por ciento; 57 por ciento de los casos contra informadores se refieren a agresiones públicas. Los responsables de dichas agresiones son 26 por ciento fuerzas del orden, 26 por ciento, funcionarios de gobierno, 4 por ciento instituciones de gobierno y 3 por ciento funcionarios policiales.
64 por ciento de los afectados son periodistas: 29 por ciento de las áreas políticas, 23 por ciento policíaca y 16 por ciento de información general.
Los incrementos en los últimos años han sido del 18 por ciento entre 1995 y 1996; 23 por ciento en 1997; 41 por ciento en 2000; y 43 por ciento en 2003. (Martínez, 2004, p. 47)
La Convención Americana de los Derechos Humanos señala en su Doctrina Internacional en los apartados sobre leyes penales y libertad de expresión: “Si, por ejemplo, los periodistas son víctimas de coerciones, persecuciones, denuncias por difamación penal, de trabas en el ejercicio de su función, de represiones, o de cualquier otra clase de conducta restrictiva, la atmósfera colectiva retrae sobremanera la posibilidad de expresarse. El clima no se vuelve propicio, y la gente prefiere la seguridad de no verse sometida a padecer un probable perjuicio, al desafío de hacer pública una opinión” (Informe Anual de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos 2002, citado en Martínez, 2004).
Esto implica ampliar el derecho de las personas a saber (no de los periodistas) y beneficiarse con información de mejor calidad y así pueda la sociedad participar en asuntos públicos con mayor conocimiento de causa.
En agosto de 2003, el relator de Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Eduardo Bertoni habló ante el Senado mexicano sobre la importancia de la protección de las fuentes informativa para garantizar la libertad de expresión. Este mismo punto ha sido la insistencia del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, la Asociación de Editores de los Estados, la Asociación Mexicana de Editores, Libertad de Información México A.C. y la Asociación Mexicana de Editores de Periódicos (AME).
En octubre de 2003, más de 100 diarios mexicanos se reunieron en Nuevo Vallarta, Nayarit, en México para emitir lo que han denominado la Declaración de Nuevo Vallarta, la cual reflexiona en gran medida sobre: a) la actitud que debería asumir la sociedad para garantizar la libertad informativa; b) la necesidad de crear leyes que protejan el secreto profesional de los periodistas; c) la obligación que tiene el periodista para contrastar y documentar su información aún cuando no revele sus fuentes; d) la protección que debe darse al material del periodista (grabaciones, archivos o apuntes) que puedan llevar a identificar la fuente; y, e) la creación de un código de ética para informar de la mejor manera a los mexicanos.
Para bien de las personas, la sociedad y la democracia, los medios no deben ser amenazados por los poderes coercitivos en una sociedad; y por otro, que para luchar a favor de la libertad de expresión, los responsables de la comunicación deben esforzarse más por averiguar la veracidad de los hechos.
Si los medios han de cumplir su función de ser la conciencia crítica de la sociedad frente a los demás poderes, hay que seguir insistiendo en la evaluación acuciosa de los hechos, la profundización en la actuación como servidores de la sociedad y no de los poderes políticos y el que se garantice el acceso a información fiable, plural y veraz al servicio del bien común. (Hidalgo, Baran, 2005)

c. Equidad y Justicia Social
Sin lugar a dudas, el tema fundamental del trabajo de la antropología filosófica, la filosofía política, la teología de la comunicación y sobre todo, de la responsabilidad social de los medios de comunicación, en nuestros días es la justicia social. De hecho, la preocupación actual es la ética y la justicia social, por dos razones: es un rubro minimizado o descontextualizado si se le sitúa en el marco de las ciencias sociales y por el manejo no fundamentado que diversas empresas han hecho al respecto por cuestiones de imagen. A la par del XXI Congreso Mundial de Filosofía (Estambul, 2003), y de la Academia Pontifica de las Ciencias, podemos citar a Lipovetsky:
“… no hay en absoluto tarea más crucial que hacer retroceder el individualismo irresponsable, redefinir las condiciones políticas, sociales, empresariales, escolares, capaces de hacer progresar al individualismo responsable.” (Lipovetsky, 1998, p. 16)

Asimismo, la Iglesia católica ha puesto su atención en el problema de la justicia social:
“El desarrollo de los pueblos y muy especialmente el de aquellos que se esfuerzan por escapar del hambre, de la miseria, de las enfermedades endémicas, de la ignorancia; que buscan una más amplia participación en los frutos de la civilización, una valoración más activa de sus cualidades humanas; es observado por la Iglesia con atención.” (Jacobo, 2002: p. 391)

En este contexto, podemos citar los principales problemas referentes a la equidad y a la justicia social:
- El problema obrero.
- La paz entre los pueblos.
- El orden entre los seres humanos.
- Igualdad y participación.
- El trabajo humano.
- La justa distribución del ingreso.
- La urbanización.
- La responsabilidad de los jóvenes.
- El puesto de la mujer.
- Las víctimas de los cambios.
- Derecho a la emigración.
- Las discriminaciones.
- Crear puestos de trabajo.
- El medio ambiente.
- La brecha informativa.
- La comunicación educativa y para el desarrollo.
- El acceso a la información.
- Las libertades informativas.
- La ética de las comunicaciones sociales
Si los medios habrán de promover la realización humana no podemos dejar de mencionar que en la era digital se han desencadenado una serie de atentados contra los valores morales, abusando de los medios para colocarlos al servicio del mercado y no de la persona humana.
Sí que los medios desempeñan un papel importante en la economía del mercado y es un hecho que la comunicación social sostiene negocios y comercios; pero por encima de ello está el que “contribuyan a estimular el progreso y la prosperidad, que promueva mejoras en la calidad de los bienes y servicios existentes, permitiendo que las personas hagan opciones informadas y que les ayuden a tomar decisiones que les potencien el espíritu cívico y solidario”. (Juan Pablo II, Centesimus Annus, 1991, 34)
Hablar de los medios de comunicación en la era de Internet nos lleva a pensar necesariamente en la manera en cómo están impactando estos a la cultura, a la educación y a la espiritualidad de las personas. Si queremos que los medios se comprometan con el hombre y su diálogo con la verdad, deberán cumplir con su deber: “atestiguar la verdad sobre la vida, sobre la dignidad humana, sobre el verdadero sentido de nuestra libertad y mutua interdependencia” (Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 1999, 2)

3. PROBLEMÁTICAS DE LA ERA DIGITAL
Ante el uso y abuso de las libertades (expresión, prensa, acceso a la información) es importante revisar algunos temas concretos que atañen la responsabilidad y la libertad de los medios como lo son la indecencia, la desregulación, los derechos de autor e Internet.
a. Indecencia, obscenidad y pornografía
¿Cuáles son los límites de la transmisión?, ¿hasta dónde es ético explorar la intimidad, el lenguaje y la corporeidad para ganar audiencias, “expresarse” y satisfacer “los gustos” de los distintos auditorios? Cada vez son más las quejas que reciben los medios de comunicación por parte de los distintos públicos que se han sentido molestos por la transmisión de programas con contenidos y lenguajes sexuales, indecentes, groseros, vulgares, perversos, vacuos y ofensivos. La obscenidad y la pornografía se han vuelto la fórmula de muchos productores de contenido.
La solución que promovió la Comisión Federal de Comunicaciones en Estados Unidos, ante este problema fue el establecer una barra programática –denominada puerto seguro- que transmite de 10 pm a 6 am. Con esta medida se pensó que ni se restringiría la libertad de expresión y derecho a la información de aquellos que desean ver u oír dichos contenidos; y por otro lado, se protegía a televidentes y escuchas que no quieren esos contenidos. No obstante, vuelven a la mente las preguntas: ¿deben los medios objetivar la corporeidad humana?, ¿hasta dónde es lícito y moral reducir la existencia humana a un objeto de placer?, ¿por qué permitimos la trivialización de los medios presentando y exaltando comportamientos denigrantes fomentando una cultura hedonista, irresponsable y denigrante cuando deberíamos buscar que los medios promuevan una cultura de la vida?
El 10 de julio de 2004, el Tribunal Supremo rechazó en Washington, la entrada en vigor de la Ley de Protección Online de los Niños, por considerar que violaba la libertad de expresión. La Ley pretendía imponer fuertes penas financieras a los sitios de Internet que permitieran que algún menor de edad tuviera acceso a la pornografía. Los opositores a la ley insistieron en que son los filtros y no las penas las que otorgarán una solución.
La fuerte exposición a contenidos nocivos por parte de los niños y adolescentes se ve reforzada por “la disminución de la influencia de instituciones como las iglesias y escuelas a la hora de guiar su comportamiento y formar a los jóvenes”. (Zenit, 2004). Si sumamos, la renuncia de los padres a establecer normativas éticas, la falta de responsabilidad de los realizadores, la facilidad de acceso que posibilitan los motores de búsqueda, el anonimato y la gran industria que respalda a la pornografía y la vulgaridad, el problema se agrava a tal grado que investigadores de la Universidad de Syracuse hablan del surgimiento de una cultura de la obscenidad.

b. Desregulación
¿Existe un punto medio y de equilibrio entre los intereses públicos, privados y comerciales? Cuando se pierde el rumbo de la noción de equidad y justicia social de los medios de comunicación es importante que exista algún mecanismo o institución que vele por el “buen juicio” y “el buen uso” de las difusoras como servidoras del interés, conveniencia y necesidades del público garantizando que ante el fenómeno de la desregulación de los medios no se viole, por un lado la libertad de expresión; por otro no se ofenda al auditorio; y finalmente no se abuse económicamente del acceso a la información. La desregulación de los medios en principio promueve la concentración, conglomeración, el hipercomercialismo, abandono de las normas de la decencia ya que libera al medio de su obligación con el público: informar y educar; permitiendo la concentración de los mismos en manos de unos cuantos.

c. Derechos de autor
El tema de la justicia, la equidad, la propiedad y la valoración de la persona y su trabajo, se extiende a los derechos de autor. La protección legal y económica se ha vuelto un serio dolor de cabeza para muchos legisladores internacionales que han reanudado la discusión ante la descarga ilegal de música grabada, la comercialización de series de televisión y películas en DVD, y la manipulación de imágenes para su uso en Internet. Actualmente se promueve el uso justo, es decir, el que se emplee sin autorización ni pago cuando: 1) se haga sin fines de lucro; 2) el fin sea didáctico o científico; 3) no se mengue el valor comercial del original; y 4) el uso sea de interés público.
No obstante, Internet, obligó a que se repensaran estas medidas ante el surgimiento de programas para desencriptar softwares, la descarga ilegal de MP3 y los archivos compartidos. El control de los contenidos, no es una limitación al acceso a la información, sino un modo de proteger la autoría de los productos comunicativos.
En 2002, se promulgó en Estados Unidos de Norteamérica, la Ley de Derechos Digitales de los Consumidores, que nos puede ayudar a entender el rumbo que lleva hoy día la discusión. En ella se especifica:
• El derecho a “desplazar el tiempo” del contenido de audio y video; es decir, a grabar para reproducir más tarde.
• El derecho a “desplazar en el espacio” música y videos; es decir, a copiar contendido en discos vírgenes, varias computadoras o reproductores portátiles en varios lugares.
• El derecho a hacer copias de respaldo.
• El derecho a usar el contenido en la plataforma que se prefiera: PC con Windows, Macintosh, reproductor de DVD, lo que el consumidor quiera.
El derecho a traducir el contenido a otros formatos (por ejemplo, CD a cinta) (Hidalgo, Baran, 2005)

d. Veracidad y honestidad
¿Hasta dónde se han comprometido los medios para decir la verdad?, ¿cuánto de sus contenidos es una mera parcialización de la realidad? El subjetivismo y el relativismo actual, son los dos grandes pretextos en los que se amparan los malos comunicadores para justificar su imposición de “su verdad”. La veracidad y la honestidad informativa deberían ser los principales ejes de acción de los profesionales de los medios; sin embargo, hay medios que insisten en que la verdad no “vende” por ello se han dado a la tarea de manipularla a sus intereses, amplificando la noticia, o reduciendo su impacto para provocar efectos y reacciones según sus intereses. Así, han creado una realidad ajena a la que deberían mostrar. Lo mismo ocurre cuando ignoran temas, distraen la atención de los espectadores o combinan información para imponer su definición de verdad.

e. Privacidad, confidencialidad y problemas personales de intereses
Uno de los grandes temas a debate es el derecho a la privacidad. Los reality shows han llevado a la mesa de discusión interrogantes vinculadas con la invasión de la intimidad. Las persecuciones a personajes públicos a través de paparazzis, la exhibición pública de problemas familiares, la publicación de las orientaciones sexuales de las personas, el asalto mediático para explorar gráficamente lo que antes era un secreto matrimonial, son algunos de los tantos puntos que se deben considerar para equilibrar el derecho del público a saber y los intereses de privacidad de las personas.
El derecho a la privacidad y la confidencialidad van muy ligadas; ya que por un lado se explota la intimidad de las celebridades y se busca protegerlos legalmente; y por otro, se exige a los comunicadores que hagan públicas todas sus fuentes y materiales que deben ser de conocimiento público. ¿Existe una media?, ¿qué tipo de información debe mantenerse en secreto mediático?, ¿cuáles son los límites de la libertad de expresión?, ¿quién debe regular este aspecto: el gobierno, las instituciones, los medios o la propia persona?, ¿qué implicaciones tiene el que sea sólo el gobierno (con sus respectivos intereses políticos) el que legisle el actuar de los medios, o que quede en manos del sistema de autorregulación del medio (que se gobierna por sus intereses económicos), o que se limite a la práctica ética personal (que también puede estar sesgada ideológicamente)?
La práctica ética implica un equilibrio de intereses y un saber jerarquizar valores en función de las consecuencias de los actos. La gran interrogante es ¿cuántos de los comunicadores están preparados moralmente para sopesar esta realidad y en manos de quién debe recaer esta formación?

f. Virtualidad y simulacro
“Todas las demás culturas han dejado huellas. Nuestro propio crimen sería perfecto, ya que no dejaría huellas y sería irreversible.” (Baudrillard, 1996, p. 58)
Ante tal situación, la avanzada de la era digital, con un enfoque más claro hacia lo tecnológico que hacia la persona humana, ha tendido una cortina que oculta la verdad sobre la persona humana.
“El ciberespacio no existe para ser habitado, sino para ser recorrido, es decir, comparece como un espacio transitorio y efímero.” (Gubern, 1999, p. 167)
La persona humana decide el lugar en el que habita y, para su realización, opta por lo real. Y en este afán de darle pertenencia virtual al hombre, la cultura digital simula el mundo a través de espejismos altamente impactantes por lo emotivo.
“… la famosa ‘pantallización’ de la sociedad, responsable de la densificación icónica, es también responsable de su banalización icónica.” (Gubern, 1999, p. 124)
A manera de simulación en la creación del otro, la simulación de la comunicación ha llegado a construir falsas expectativas de contacto:
“1. Cibersexo con un sujeto real, que participa activamente en el acto a distancia.
“2. Cibersexo con un sustituto icónico del sujeto real deseado.
“3. Cibersexo con un sujeto inventado.” (Gubern, 2000, p. 216)
Así, los sistemas digitales, anclados en su superación tecnológica continua, acentúan la transmisión de valores que otros medios electrónicos entronizan en la sociedad: el hedonismo, la ludofilia, el escapismo, el consumismo y la meritocracia. Además de ello, debilita las relaciones personales y catapulta el culto a las soluciones inmediatas.
A ello se le suma el conflicto poco atento a la persona humana de los dirigentes de los grandes consorcios de comunicación:
“El diseño de las políticas de comunicación en el mundo moderno está en manos empresariales, en las que convergen los intereses o las estrategias de los economistas y de los ingenieros. Unos y otros tienen en común que su lógica predominante es la lógica de la cantidad (…). Y esta lógica cuantitativa no sólo puede no ser coincidente con las lógicas cualitativas de los comunicólogos o de ciertos proyectos políticos, sino que a veces puede ser claramente opuesta.” (Gubern, 2000, p. 68)
Cuando a la descripción anterior se le suma la falsa utopía del diseño de portales alternativos e independientes y la creciente brecha económica, la sociedad se sumerge en la cultura digital a manera de espectador y no de creador, seducido por la infografía y el propio sistema de consumo.
Es decir, al anclar las esperanzas de emancipación a una realidad virtual, fruto de la tecnología y del desconocimiento del pasado inmediato, caemos de nueva cuenta en el espejismo del progreso. Sólo que, esta vez, magnificado por un otro cada vez más disperso.

g. La responsabilidad social de los medios
Para resolver gran parte de estos conflictos de contenido e interés y garantizar un manejo equilibrado de los medios, se desarrolló en 1947 un informe titulado “Teoría de la responsabilidad social de la prensa” a cargo de La Comisión Hutchins sobre la Libertad de Prensa, presidida por el rector de la Universidad de Chicago Robert Maynard Hutchins. Esta teoría normativa proponía una guía práctica para operar idealmente los medios en un sistema dado de valores. Además, afirma que los medios deben estar exentos de controles gubernamentales pero a cambio deben servir al pueblo. Algunas de sus premisas básicas han evolucionado hasta la actualidad contemplando que son:
• Los medios deben aceptar y cumplir ciertas obligaciones con la sociedad.
• Para cumplir estas obligaciones, los medios pueden fijar normas elevadas de profesionalismo, veracidad, fidelidad y objetividad.
• Los medios deben regularse ellos mismos en el marco de la ley.
• Los medios no deben difundir material que incite a la delincuencia, violencia o trastornos civiles o que ofenda a grupos minoritarios.
• Los medios en conjunto deben ser plurales, deben reflejar la diversidad de la cultura en la que operan y deben dar cabida a diversos puntos de vista y al derecho de réplica.
• El público tiene derecho a esperar un desempeño elevado y la intervención oficial se justifica en aras del bien público.
• Los profesionales de los medios deben ser responsables ante la sociedad así como ante sus patrones y el mercado. (Hidalgo, Baran, 2005)
Con estos principios en mente se busca involucrar a todos los sectores (gobierno, medios, comunicadores y auditorios) para hacerlos conscientes de su responsabilidad. La gran insistencia y aportación es la necesidad de formar en las personas una cultura mediática para abrigar expectativas y emitir juicios sobre el desempeño de los medios, aún cuando sigan siendo los profesionales de la comunicación los que se encargarán de operar éticamente los medios para que no sea necesaria la intervención del gobierno.

4. LA MEDIACIÓN ÉTICA COMO ALTERNATIVA
La teoría de la Responsabilidad Social de los Medios ofrece esquemas interesantes, tanto formales como informales para controlar a la industria mediática y verificar que los profesionales cumplan responsablemente con su deber. Pero, ¿podemos ir más allá de las leyes y los reglamentos? La ética, en su propia ontología nos ofrece la gran solución; puesto que consiste en reglas de conducta y principios que guían la conducta y nos ayudan a decidir responsablemente ante ciertas situaciones (Hidalgo, 2005). Es la misma ética la que nos ayuda a discernir racionalmente equilibrando los controles externos formales (leyes, reglamentos, códigos de ética) y los internos (tanto los de la industria como los personales).
La aplicación de la ética en los medios nos permitirá encontrar las respuestas que mejor defiendan moralmente a un problema para que el respeto, la justicia, la bondad, la belleza y la dignidad humana se mantengan vigentes.
Si cada comunicador parte de la ética para definir su posición ante cada problema que cubre, terminará por un lado, profundizando en el conocimiento de sí mismo y, en segundo lugar, definiendo hasta dónde puede garantizar que lo comunicado ayude a la construcción de la identidad del otro. La ética, cuando es aplicada, ayuda a equilibrar intereses contradictorios y no limita al comunicador a operar sólo en función de lo que está o no permitido por un código normativo empresarial.

a. La ética en los medios
Como hemos puntualizado a lo largo de este estudio, los medios cumplen una misión trascendental que es unir a los hombres. Si este objetivo se realiza partiendo de la ética, servirá para difundir la verdad, hacernos más conscientes de la dignidad de la persona, más responsables, más tolerantes y abiertos a las necesidades de los demás, para con ello participar en actividades que favorezcan el bien común.
Al ser los medios simples instrumentos al servicio del hombre, no son ni buenos ni malos por sí mismos; pero sí pueden llevar mensajes enriquecedores y formativos o violentos, vulgares y obscenos que formen en la persona opiniones o construcciones erróneas o acertadas del mundo.
La ética mediática se hace presente cuando la intención (de quien envía el mensaje), promueve o no valores (el mensaje mismo), para que alguien realice o no actos morales (interpretación, respuesta y retroalimentación).
Muchas son las fórmulas que se han buscado para respetar a la persona, promover el interés público, garantizar su crecimiento intelectual, cultural y espiritual. Todas ellas son medidas positivas que están funcionando y que podrían hacer un bien mayor si no pierden de vista que los medios deben estar el servicio de la familia humana y que en la medida que se ajusten a modelos éticos darán más sentido a la vida de las personas.

b. Beneficios de la práctica ética
La apuesta por la mediación ética puede traer beneficios en múltiples planos. Su práctica e impacto puede llevar a la realización de la persona y a que esta alcance la felicidad. A continuación exponemos en qué puntos la ética puede ser la clave para mejorar la actuación de los medios.
• En lo económico. Los medios impulsan los mercados y sostienen muchos negocios gracias a la publicidad. También son ellos los que estimulan el empleo y promueven mejoras en la calidad de los bienes y servicios. En la medida que los medios fomenten una competencia sana y responsable que derive en una mayor y mejor información para la toma de decisión y promuevan en las empresas la responsabilidad social podrían contribuir en la justicia social.
• En lo político. La transmisión de mensajes apegados a la verdad y sin pretensiones ideológicas manipuladoras, podrían beneficiar a la sociedad para que las personas participen más en los procesos políticos. Si ya están uniendo a las personas, qué mejor que lo hagan para alcanzar propósitos y objetivos comunes. Un país que se diga democrático y que no cuente con medios éticos, está mintiendo, ya que estos serían los encargados de llamar la atención en casos de incompetencia, corrupción, abuso de confianza o promover la competencia, el espíritu cívico y el cumplimiento del deber.
• En lo cultural. Son los medios los que acercan a las personas a actividades como el arte, la música, el teatro, la literatura y promueven con ello el desarrollo humano al buscar la promoción del conocimiento, la sabiduría y la belleza. Los medios, si apuestan por la ética, podrían llevarnos a entender las prácticas culturales y las tradiciones de los demás pueblos; así como a valorar nuestro patrimonio cultural y preservarlo.
• En lo educativo. Los medios ofrecen herramientas e instrumentos complementarios a la formación de niños, adolescentes, padres de familia y ancianos. Gracias a su nivel de penetración, la educación puede llegar a los sectores más marginados y ofrecerles una visión esperanzadora del mundo. Si se emplean adecuadamente, podrían ser fuente de progreso social.
• En lo personal. Los medios pueden enriquecer la experiencia vital al transmitir mensajes, noticias, ideas y acontecimientos positivos que inspiren, alienten y lleven a las personas a participar en hechos trascendentales. Tanto la formación intelectual, cultural y espiritual se puede beneficiar de palabras e imágenes constructivas.
No está demás insistir en que todas estas formas de comunicación ética y sus beneficios, no son simples manifestaciones de ideas ni expresiones de un sentimentalismo; para que los medios sirvan realmente a la comunidad deben estar entregados por entero al respeto del bien común, la promoción del ejercicio de la libertad y el atestiguar la verdad sobre la vida y la dignidad humana. Juan Pablo II escribió en su más reciente Carta Apostólica: “Los contenidos tendrán siempre por objeto hacer a las personas conscientes de la dimensión ética y moral de la información”. (Juan Pablo II, El rápido desarrollo, 2005, 9).

c. Faltas a la práctica ética
Los medios, así como pueden ser empleados para beneficio de la sociedad, también pueden entorpecer su desarrollo dañando la integridad de las personas, marginándolas, manipulando o pervirtiendo sus valores. La hostilidad, el conflicto, la crítica destructiva, el lenguaje soez, los mensajes degradantes, la desinformación, la trivialidad, la falsedad, la banalidad, la difamación, el racismo y la pornografía son algunas de las formas más empleadas para dañar a las personas. Siguiendo el esquema de interrelación que existe entre la sociedad, la cultura y la comunicación, señalamos a continuación dónde se pueden dar fuertes abusos:
• En lo económico. Hay empresarios que emplean los medios para construir o apoyar sistemas económicos que promueven la avaricia y la ambición. El mismo modelo neoliberal se sustenta en una visión economicista del hombre, considerando que las ganancias y las leyes del mercados están por encima de las personas y los pueblos. Al no existir órganos internacionales de control que guíen y orienten la participación de los medios en el proceso de globalización, se están desaprovechando las oportunidades de llevar mayor bienestar a las comunidades más explotadas y marginadas. Esto también provoca que los medios contribuyan en las injusticias y desequilibrios que producen sufrimiento. Falta apoyar más el desarrollo y las barreras que frenan el acceso a la información.
• En lo político. Es común ver que se emplean los medios para hacer proselitismo o para manipular la opinión pública. Hay incluso quienes aplican técnicas publicitarias o de relaciones públicas para explotar a ciertos grupos o violar los derechos humanos. Otro de los errores comunes es el uso de los medios para difundir una visión utilitaria o de gran relativismo ético; así hay políticos que recurren a los medios para justificar como signo de progreso y conquista de la libertad la eutanasia, el aborto, la esterilización y la libertad sexual promiscua.
• En lo cultural. Basta analizar la superficialidad con que son tratados ciertos temas trascendentales y el mal gusto que impera en la construcción de contenidos. Esto es producto de la estrechez de miras, la uniformidad, la vulgaridad y la degradación que se hace de la persona, las costumbre y las tradiciones. Lo aberrante es que se presentan estos mensajes como veraces. Son realmente irresponsables los mensajes que pervierten las relaciones humanas, explotan a las mujeres, niños y adolescentes; que destruyen familias y matrimonios; que inspiran actitudes antisociales y desprecian la sexualidad como la pornografía y la violencia sádica reduciendo todo a genitalidad, gozo y placer. Un punto importante a mencionar es la exclusión que hacen los medios internacionales de las expresiones culturales locales y tradicionales; en un afán globalizador, omiten la riqueza y los valores de sociedades menos ricas y poderosas. El modelo transcultural se olvida siempre de los más débiles, uniforma las prácticas sociales y orienta el actuar humano en una sola dirección.
• En lo educativo. Los medios que se olvidan de la ética, sirven más para distraer a las personas que para ayudarlas a resolver sus problemas. Está el otro extremo, en el que sirven como instrumentos de adoctrinamiento y la información que ofrecen tiene como intención controlar lo que las personas saben y les niegan el accesos a la información. La autentica educación está para ampliar el conocimiento y potenciar las capacidades de las personas, no para oprimirlas o ponerlas al servicio de alguna ideología.
• En lo personal. Los medios han dañado severamente muchos de los valores trascendentes, la ética se ha relativizado y por temor a ser considerados tendenciosos han descarnado y desacralizado los mensajes. Así, algunos medios han excluido los temas espirituales y los valores religiosos para promover por un lado el racionalismo y el escepticismo; otros se van al extremo y presentan los mensajes religioso con un estilo emotivo y manipulador (para competir en el mercado) que fomenta el fanatismo, los sincretismos, la exclusividad, el desprecio y hostilidad hacia los demás minimizando el verdadero sentido religioso.


4. DOS PROPUESTAS DE ÉTICA APLICADA EN LA ERA DE INTERNET
Los medios también pueden unir a las personas, enriquecer sus vidas, apoyar a sus comunidades, fomentar la justicia y la solidaridad. (Concilio Ecum. Vat. II, Inter Mirifica, 1963). Para que esto se logre basta tener en mente principios básicos de la ética social como lo son la subsidiariedad, la justicia, la equidad, la responsabilidad, la verdad, la honradez y el respeto a la vida privada; pero, sobre todo, que la persona humana y la comunidad humana sean el fin y no un instrumento.
La responsabilidad ética no se queda sólo en quienes emiten los mensajes, también es importante fomentar una educación mediática para que todos aprendan a valorar y usar los medios de comunicación.
Cada persona es responsable de la formación de su conciencia; si todos los mensajes son recibidos pasivamente sin espíritu crítico las personas fácilmente pueden ser víctimas de intereses amorales. Al aplicar la ética, cada persona pasa a ser un agente moral, un mediador ético de la realidad.
No basta exigirle a los medios responsabilidad, sensibilidad, verdad y respeto a la vida humana; también los espectadores deben ser coherente con esa exigencia. Así, como los medios hoy día empiezan a crear sus códigos de ética para regular sus acciones e implementan la autorregulación para normarse, cada persona debe tener claro cuál es su código de ética para acceder a los contenidos y de qué manera se autorregulará. En la medida que cada persona practique una recepción crítica, su convivencia con los medios será más plena, rica y llena de sentido.

a. La Semioética
La preocupación por la ética dentro de los pensadores de la filosofía del lenguaje, en particular de aquellos interesados en la ciencia de la significación, ha comenzado a tener un lugar relevante. Por mencionar un ejemplo, podemos citar a Umberto Eco:
“La dimensión ética empieza cuando entra en escena el otro. Toda ley, moral o jurídica, regula siempre la relaciones interpersonales, incluidas las relaciones con ese Otro que la ley la impone.” (2000, p. 103)
Si el contacto entre el yo y el tú se establece a través del lenguaje, y la mirada al otro regula mi accionar social, es fundamental concebir una ética de la significación, es decir, dar espacio a la semióetica. Precisamente, Eco subraya que al entrar en contacto con el otro, nos damos cuenta de que tenemos un alma, por lo que debe haber una regulación de la relación con el otro, independientemente de si se cree o no en un ente superior. Pero esa normatividad no respondería al problema central de la ética ni a aclarar las dudas del lenguaje.
Podemos decir que la ética es el lenguaje. La articulación de la primera son las normas y la moral y la articulación de la segunda es la lengua. Luego entonces, si se concibe una codificación dejamos a un lado aspectos fundamentales. No son los códigos lo más importante de la relación con el otro, si se parte de la dignidad de la persona humana. Quienes construyen son los seres humanos, no los códigos; en dado caso, quien construye es el lenguaje, la relación expresiva. Hacer sujeto de normas al ser humano, dictadas desde el exterior, coarta su capacidad expresiva, su libertad, o la encausa en un sistema moral. Por tanto, la semioética se distingue de los códigos para centralizar su preocupación activa en el lenguaje.
Vale la pena una larga cita de Roland Barthes:
“Nuestro objetivo no es desde luego disciplinar: buscamos la categoría de lo Neutro en la medida que atraviesa la lengua, el discurso, el gesto, el acto, el cuerpo, etc. Sin embargo, dado que nuestro Neutro es buscado respecto del paradigma, del conflicto, de la elección, el campo general de nuestras reflexiones sería: la ética que es discurso es la ‘elección correcta’ (¡y no es un juego de palabras político!) o de la ‘no-elección’, o de la ‘elección-desplazada’: del más allá de la elección, el más allá del conflicto del paradigma. La ética: palabra que quizá se pondrá de moda (¡atención!), aunque más no sea por la ley estructural de rotación de lo reprimido (…). Pero en realidad, la ética siempre existe, en todas partes, sólo que está fundada, asumida o reprimida de manera distinta; atraviesa todo discurso. Por lo demás, si la palabra asusta: praxis…” (Barthes, 2004, p. 52-53)
Acerca de la falsa ética, también advierte Lipovetsky:
“… la ética en la actualidad juega el papel de remedio milagro clave, tanto se parece a un leitmotiv retórico: la ilusión ideológica no ha sido enterrada con la derrota de las ‘religiones seculares’, se reencarna en el eticismo, nueva figura desencantada de la ‘falsa conciencia’. Después de la idolatría de la Historia y de la Revolución, el culto ético como nuevo avatar de la conciencia mitológica.” (Lipovetsky, 1998, p. 16)
Con ello en mente, se ha lanzado, Umberto Eco, por ejemplo, a analizar distintos productos comunicativos que son un claro atentado a la ética centrada en la persona y a las morales de cada contexto. Lo ha logrado gracias a un análisis semiótico.
“Todos los textos escolares nazis o fascistas se basaban en un léxico pobre y en una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico. Pero debemos estar preparados para identificar cuando adoptan la forma inocente de un popular reality-show.” (Eco, 2000, p. 56)
Así, el comportamiento nazi era regulado por una moral, mientras que la ética quedaba desplazada a un segundo plano.
La semiótica, entonces, por su preocupación activa sobre el lenguaje y el conocimiento proporciona elementos fundamentales para la regulación del contacto con el otro a través de su enfoque hacia la primera articulación del lenguaje: la lengua. Basta recordar la tarea que imprime Roland Barthes a esta fundamental ciencia del lenguaje:
"La semiología sería, pues, ese trabajo que recoge lo impuro de la lengua, la corrupción inmediata del mensaje: nada más que los deseos, los temores, los talantes, las intimidaciones, las insinuaciones, las ternuras, las protestas, las excusas, las agresiones, las músicas de que está hecha la lengua activa." (Barthes, 2000, p. 137)
En este contexto, podríamos subrayar que, si alguien pretende analizar a la ciencia de la significación y diseñar productos comunicativos que tomen en cuenta al otro en su dignidad de persona humana, no se podría dejar a un lado a la semiótica. Ello sin reducirla a una mera gramática o a una sintáctica. Si se concibe a una semioética fundada en el código, sería reducir a la semiótica a la filología presassureana y a una ética que desconoce a Aristóteles.

a. Códigos de ética y autorregulación
Para apoyar a los profesionales de los medios en sus razonamientos éticos, se han creado infinidad de códigos formales y normas de conducta. Muchos de ellos se quedan en el plano prescriptivo y se limitan a decir a los comunicadores lo que deben o no hacer. Para muchos los códigos sólo ofrecen una lista de lugares comunes sin valore legal que restringen su libertad de expresión, mientras que para otros se han vuelto el sentido de su misión comunicativa.
En principio los códigos deberían ofrecer una fuente de información para emitir juicios morales más que protecciones egoístas para la industria que en ocasiones atenta contra la sociedad.
Existen también los códigos profesionales de la industria. Estos son políticas institucionales de comportamiento que incluyen tanto las operativas, las editoriales, las administrativas y las de evaluación –que son modos de examinar la opinión pública. Estos mecanismos de “ética normativa” son una forma de autorregulación que tiene por objeto el evitar el exceso de intervención y volver operativas las normas éticas o deontológicas que se imponen a sí mismos los comunicadores. Las limitaciones de estos códigos son que: muchas de sus normas son abstractas y ambiguas; los profesionales son reacios a señalar o censurar a sus colegas; al formar parte de una organización los comunicadores tienen poco control sobre su trabajo. Algunas de las funciones elementales de la autorregulación que menciona Albarrán de Alba son: “1) Establecer las normas éticas a que se deben sujetar voluntariamente tanto los empresarios de la información como los periodistas. 2) Contribuir a crear las condiciones de normalidad –tanto en lo laboral como en lo profesional y lo social- para el cumplimiento de éstas. 3) Brindar elementos de juicio crítico al público sobre el desempeño de los propios medios. 4) Socializar los procesos de toma de decisión en los medios y el conocimiento que deriva del diálogo ético de los periodistas” (Albarrán de Alba, 2004, p. 43).
La participación de los distintos auditorios se vuelve fundamental para la fiscalización de los medios y el ejercicio de la autorregulación. De ahí que a la par del desarrollo de códigos éticos, algunos medios formaran consejos de ética y grupos observadores de su acción. Desgraciadamente, en la parte operativa encontramos que muchos son los medios que han recurrido a la práctica de la autorregulación para evitar la imposición legal del gobierno y evitar causar la menor conmoción.
Idealmente la autorregulación debería ser un instrumento de defensa de las libertades de expresión e información siempre que se encuentren amenazadas. Si durante mucho tiempo los gobiernos impusieron presiones legales a los medios fue porque no habían cumplido o asumido de lleno su responsabilidad social de representar a todos los sectores de la sociedad. Ahora, son más los medios que desean construir vínculos de confianza con el público para que entiendan y valoren la importancia de una comunicación libre e independiente al servicio de la sociedad.
En el caso de la ética de los medios, no está restringida al ámbito de la conciencia individual de cada comunicador o de los editores o productores. Esta debe responder a una construcción colectiva que no pierda de vista en ningún momento a la sociedad. La ética debe servir al comunicador como herramienta para hacer bien su trabajo y como punto de partida y finalidad misma de la profesión.
En México, como bien señala Gerardo Albarrán, muchos códigos de ética fueron impuestos por empresarios y directivos o redactados por algún funcionario si es que no fueron copiados de medios de otro país; lo que hace que muchas veces sean ignorados y carezcan de legitimidad. He aquí donde subyace la discusión actual sobre la ética en los medios de comunicación: ¿cómo hacerla operativa si los códigos y las bases éticas que se están implementando no consideran todos los aspectos de la dignidad de la persona, la misión y responsabilidad del medio, así como el bien común?
Quizá, como afirmamos, algunas de las tantas soluciones a esta interrogante están en: el cambio de mentalidad de los comunicadores; en la formación ética de cada uno de los actores morales (tanto empresarios de los medios, comunicadores y receptores); el que exista un marco legal estructurado que regule las responsabilidades de todos y de cada uno; en una mayor participación y diálogo de la sociedad civil en la industria de los medios para garantizar que los contenidos respondan a sus legítimos intereses; que se contemple que los medios son vehículos que garanticen la solidaridad, la justicia, el diálogo, la paz y el bien común.

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